Tenía 85 años y padecía leucemia: su partida marca el final de una era del del periodismo deportivo gráfico. Cubrió grandes peleas de boxeo y estuvo en los grandes acontecimientos de casi todas disciplinas y hasta fue vocero de la AFA. Un capítulo especial fue “el match del siglo” del ajedrez, entre Bobby Fischer y Boris Spassky en Islandia, en 1972.

Puede ser que este adiós a Ernesto Cherquis Bialo -en su tiempo también conocido como Robinson, como firmaba sus notas en la época dorada de El Gráfico– simbolice el final de una época del periodismo deportivo (gráfico) tal como se lo interpretaba: la descripción, contundente y fiel, del suceso, el éxtasis y el drama. Y el hincapié en las historias humanas, antes que en el burocrático dato. Arrollador, extrovertido, conviviendo a la vez entre el “porteño simple y apasionado” y “el personaje”, admirado tantas veces y cuestionado otras, que supo de brillar en lo más alto de su profesión, sobre todo por la emoción que transmitían sus textos, y también de la declinación por las distintas polémicas. Como le sucede a todos (nos sucede a todos).
“Soy un contador de historias y las veces que me designaron para hablar con motivo de algún reconocimiento, el sujeto era el otro porque nuestra vida es el otro”. Así se expresó un año atrás en la Legislatura porteña, al ser distinguido como un “ilustre” en el ámbito de la cultura. Y ya curtido por el paso de tantas batallas, recordando tantos años con las coberturas de lujo, como cronista -y confidente- de los más grandes deportistas de la historia (Muhammad Ali, Bobby Fischer, Pelé, Diego Maradona y tantos otros).
Cherquis Bialo había nacido el 30 de septiembre de 1940 en Montevideo, en una familia de inmigrantes polacos, que venían huyendo de los horrores en su país -los progromos antisemitas y luego la invasión nazi- y que tenían como propósito llegar hasta Buenos Aires. Al igual que tantos compatriotas. Y que lo concretaron al poco tiempo, con un Cherquis que pudo vivir su infancia en nuestra capital y que desde entonces siempre se reconoció un auténtico porteño.-














































