Tras un primer tiempo trabado y con pocas ideas, el equipo de Úbeda reaccionó en el complemento: el juvenil Tomás Aranda marcó su primer gol oficial y Adam Bareiro (previa revisión del VAR) selló el marcador.

Boca logró cerrar un merecido 2-0 ante Instituto y volvió a festejar en La Bombonera. En un partido en el que generó mucho, pero también mostró debilidades, Claudio Ubeda se llevó apuntes para trabajar con urgencia, de cara a la fuerte seguidilla que le espera al Xeneize.
Boca pareció arrancar el partido con una indicación precisa: orden y paciencia. Con el correr de los minutos la pelota circuló entre Leandro Paredes, Ander Herrera y los cuatro jugadores del fondo. Con la dupla central cada vez más alta, el Xeneize fue adelantando su línea de fondo para mostrar su intención de tomar la posesión, aunque con poca verticalidad y escaso desequilibrio.
El exceso de toques y el abuso del juego interno se combinaron con las imprecisiones individuales y así aparecieron los errores no forzados. Boca tuvo la pelota y generó situaciones, pero no las concretó y quedó muy expuesto para los contrataques.
Instituto, sin especial hincapié en la presión, tuvo oportunidades de conseguir la ventaja y pudo aplicar su plan de acción. Sin recurrir al planteo defensivo, se propuso esperar las distracciones para lastimar. La Gloria no pudo marcar, pero desnudó una de los peores rasgos de este Boca, que tiene con qué meter miedo pero que también tiene mucho que temer de sí mismo.
En el segundo tiempo, Boca salió decidido a buscar el partido y en 20 minutos logró lo que no había conseguido hasta entonces: abrió el marcador con el primer gol de Aranda en la Primera y aumentó la diferencia con el 2-0 de Adam Bareiro, que tuvo que festejar con “delay” por la intervención del VAR.
La celebración de los goles fue elocuente y mostró más que el desahogo por encaminar la victoria, después de que los palos dijeran que no dos veces. En el festejo de los jugadores hubo signos de camaradería, de unión y de padrinazgo.
Después de recibir un abrazo multitudinario, Aranda se paseó en andas de Paredes y, en el segundo tanto, Merentiel se desencajó para enaltecer el mérito de un compañero. Aunque pueda parecer anecdótico, la fusión en el logro colectivo da indicios de un grupo unido y esos signos permiten imaginar un equipo que tracciona anímicamente en bloque.
Una vez superados esos momentos de euforia, nuevamente apareció el peor costado temido del equipo de Ubeda, que pasa de la cohesión y el dominio absoluto al desorden total. Desconcentración, cansancio o una combinación de ambas, volvieron a darle vida al rival, que hizo un gol (anulado) y puso en jaque el arco xeneize, justo después de su mejor momento.
Aunque la valla quedó invicta, el juego sin pelota volvió a quedar en deuda, sobre todo en los reposicionamientos. Ubeda tendrá que tomar nota sobre esta falta de regularidad y la aparición de estos toboganes anímicos que aparecen como un patrón incluso en las mejores actuaciones del Xeneize.
Al Xeneize se le viene Talleres, después de la fecha FIFA, y el martes 7 de abril debutará en la Copa Libertadores ante Universidad Católica de Chile, de visitante. En el regreso a La Boca tendrá el clásico con Independiente y el cruce con Barcelona de Guayaquil, justo en la previa con el Superclásico ante River.
Con este panorama, el triunfo ante Instituto fue más que conseguir tres puntos porque para Boca La Bombonera es un arma y no puede permitirse dar ventajas.-















































